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Mientras en India la Corte Suprema prohíbe el turismo vinculado al tigre, en Somiedo (Asturias), más allá de los documentales televisivos de sobremesa, se muestran encantados con que los ecoviajeros acudan a los hábitats de la cuarentena de osos residentes en su municipio. Icono bioindicador, el oso ha encontrado en Somiedo su paraíso. Ubérrimo en cuanto a especies forestales; donde su antaño enemigo, el hombre, tiene prohibido pisar el 40% del territorio somedano. Todo el municipio está declarado parque natural.

Hasta mediados de septiembre se percibe una proliferación inusitada de público y telescopios en el mirador del Príncipe, situado en los alrededores de la aldea vaqueira de La Peral. Ello al haber muchas probabilidades de avistar plantígrados en el momento de salir del bosque para alimentarse de escuernacabras, arbusto que prolifera en canchales escarpados. El contraste de la blanca caliza con el tono parduzco de la piel facilita la percepción a un kilómetro de distancia, aproximadamente.

Hay momentos eléctricos que se fijan en la memoria con una precisión de aguafuerte. Cómo manejan las ramas, a veces a dos patas. Sin descanso, puesto que su enorme panza necesita devorar miles de bayas azucaradas. Desaparece; reaparece tras una mata; olisquea el peligro, a menudo a tiro de piedra de vacas y rebecos.

Entre los apoyos a este paradigma de sostenibilidad figura la ONG conservacionista Fundación Oso Pardo (www.fundacionosopardo.org), cuyo centro de interpretación en Pola de Somiedo constituye una visita obligada.

Fuente: El País.

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